En la majestuosa Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas se vivió, el pasado día 25 de marzo de 2025, una tarde cargada de fe, música y tradición con la celebración del XVII Pregón de Semana Santa y el XXI Concierto de Marchas Procesionales, organizados por la Real Congregación del Santísimo Cristo de la Fe – Cristo de los Alabarderos – y de María Inmaculada Reina de los Ángeles. Un acto que, año tras año, se consolida como uno de los más esperados en el calendario litúrgico y cultural de la capital.
A las 19:00 horas, desde el altar mayor, dio comienzo este emotivo acto. La solemnidad del lugar y la expectación de los asistentes anunciaban una jornada memorable.
El Hermano Mayor, D. Jaime de las Heras Trejo, tomó la palabra para ofrecer un saludo inicial y presentar al pregonero saliente, S.A.R. Don Pedro de Borbón-Dos Sicilias y Orleans, Duque de Calabria, quien pronunció unas sentidas palabras antes de introducir al pregonero de este año.
Una presentación cargada de respeto, historia y reconocimiento
En su alocución, S.A.R. Don Pedro de Borbón agradeció a la Congregación por el honor de presentar al nuevo pregonero, en un acto que, como recordó, simboliza la unión de la fe, el servicio y la tradición, bajo la mirada protectora del Santísimo Cristo de los Alabarderos.
Ante la presencia de altas autoridades eclesiásticas y militares como el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Juan Antonio Aznárez Cobo, arzobispo castrense de España; el Excmo. Sr. D. Eduardo Diz Monje, jefe del Cuarto Militar de la Casa de S. M. el Rey; y el Ilmo. Sr. D. Pablo Mateo Álvarez de Toledo, coronel jefe de la Guardia Real, destacó que el Pregón es uno de los momentos más significativos de la Cuaresma, al preparar los corazones de los congregantes para la Semana Santa.
Don Pedro realizó un repaso completo y sentido de la trayectoria del pregonero de este año, el Excmo. Sr. D. Julio Salom Herrera, teniente general jefe del Mando de Canarias del Ejército de Tierra y comandante del Mando Operativo Terrestre, resaltando tanto su brillante carrera militar como su profunda fe cristiana y su cercanía a la Familia Real. Nacido en Madrid en 1963, D. Julio Salom Herrera ingresó en la Academia General Militar y fue destinado como teniente de Infantería al Tercio “Gran Capitán” de La Legión, en Melilla. Su trayectoria incluye importantes responsabilidades en operaciones internacionales como Bosnia, Irak y Kosovo, así como destinos destacados en unidades de élite. Fue ayudante de campo de S.M. el Rey Don Juan Carlos I y de S.M. el Rey Don Felipe VI, y ha ocupado puestos de alta responsabilidad en el Estado Mayor del Ejército. En 2023 fue promovido a teniente general y designado jefe del Mando de Canarias. Su historial está avalado por numerosas condecoraciones y un firme compromiso con el servicio y los valores que representa, siendo con ello un referente del Ejército de Tierra.
Pero más allá de su impecable hoja de servicios, el Duque de Calabria puso en valor el lado humano y espiritual del pregonero. Su fuerte vínculo con la Semana Santa y su pertenencia a diversas hermandades, entre ellas, la del Cristo de Mena, la del Ecce Homo de Ronda, y la Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna, reflejan, según sus palabras, “una vida que armoniza disciplina con fe, firmeza con compasión, y valor con humildad”.
El teniente general Salom fue presentado como un testimonio vivo del espíritu de los Alabarderos: entrega incondicional, coraje sereno y lealtad absoluta a los valores que forjan la identidad de España.
Con admiración y respeto, concluyó su presentación con una invocación al Cristo de los Alabarderos para que guiara al pregonero en su noble cometido.
Un pregón vibrante a cargo del teniente general Julio Salom Herrera
A continuación, el teniente general Salom subió al atril y comenzó un pregón profundamente emotivo, sincero y reflexivo. Desde sus primeras palabras, pidió a Cristo y a María Inmaculada la luz necesaria para dar testimonio de fe, esperanza y caridad, trazando un paralelismo entre el espíritu de los alabarderos y el de Jesucristo al entrar en Jerusalén: ambos avanzan con decisión, con autoridad moral, al encuentro de su misión, sin miedo y con la cruz como horizonte.
Consciente de la solemnidad del lugar y del peso espiritual del momento, el pregonero agradeció la presencia de las autoridades y del pueblo congregante. Entre sus saludos, mencionó con especial afecto a Don Pedro de Borbón, al arzobispo castrense, a los hermanos de la Congregación y a los compañeros de armas y fe que han marcado su camino.
El cuerpo del pregón fue, más que un discurso, un viaje por la historia, la fe y la memoria personal. El teniente general Salom se detuvo en la importancia del servicio militar como vocación de entrega, remarcando el papel de los alabarderos como custodios de la Corona y de la tradición católica. Evocó el simbolismo de su marcha firme, comparable a la de los soldados que custodiaron al Rey de Reyes hasta el Gólgota, y también a la de los cristianos que, en silencio, cumplen con su deber diario.
El general ofreció un sentido repaso a la historia de la Real Congregación, fundada en 1632, vinculada desde sus orígenes a la Guardia Española de Alabarderos, y renacida tras la Guerra Civil gracias al fervor de los fieles y al testimonio de quienes nunca dejaron de creer. En ese relato, recordó con emoción la destrucción de la iglesia de San Sebastián y la talla original del Cristo, así como la creación posterior de nuevas imágenes, culminando en la actual escultura del año 2007, obra del reconocido escultor toledano D. Felipe Torres Villarejo.
Uno de los momentos más íntimos del pregón fue cuando el teniente general Salom compartió su experiencia en la Guardia Real, no solo como militar, sino como cristiano que encuentra en el servicio una forma de oración. Recordó el consuelo recibido en tiempos difíciles, como la enfermedad de su esposa, y el acompañamiento espiritual de monseñor Serafín Sedano, entonces capellán de la Guardia.
Profundizando en la teología de la cruz, reflexionó sobre su misterio: la entrega silenciosa, el sacrificio que no busca protagonismo, la renuncia voluntaria por amor. Habló de la cruz no como carga, sino como misión. “La vida nos coloca cruces”, dijo, “y la verdadera grandeza está en abrazarlas con alegría, como hizo el Nazareno”.
En un momento especialmente profundo, se detuvo en la quinta palabra de Cristo en la Cruz: “Tengo sed”. Lejos de interpretarla como una sed física, el pregonero la entendió como la sed de justicia, de amor, de salvación. Una sed que aún hoy resuena en el mundo y que llama a los cristianos a ser respuesta, alivio, fuente de agua viva. “Jesús sigue teniendo sed, dijo, y nosotros debemos calmarla con nuestro compromiso, nuestra caridad y nuestra fidelidad”.
El pregón concluyó con un llamado sincero a todos los presentes: a ser testigos de fe, a no tener miedo de cargar con la cruz, a servir con humildad y a vivir como instrumentos de reconciliación. Pidió la bendición de Dios para la Congregación y para quienes, como los alabarderos, entienden el honor como servicio y la disciplina como forma de amor. “Que el Cristo de los Alabarderos nos haga valientes en la fe y fieles en el deber”, fueron sus últimas palabras antes de dejar el atril, visiblemente emocionado.
El Hermano Mayor entregó al teniente general un original obsequio conmemorativo como muestra de gratitud, y los aplausos prolongados sellaron la emoción colectiva que había envuelto al templo.
Concierto de Marchas Procesionales: la música que eleva el alma
Tras el pregón, la Unidad de Música de la Guardia Real ofreció el XXI Concierto de Marchas Procesionales, interpretando una selección de piezas sacras con maestría y sensibilidad, que elevaron el ánimo de los asistentes y completaron la atmósfera de recogimiento y solemnidad.
Esta unidad musical, heredera directa del espíritu del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos fundado en 1707, representa uno de los máximos exponentes de la música militar en España. Su historia cuenta con nombres ilustres como Leopoldo Martín Elexpuru, Eduardo López Juarranz o Bartolomé Pérez Casas, y desde su reorganización en 1980 bajo el mando del comandante José López Calvo, ha sido dirigida por figuras como Francisco Grau, Antonio Sendra, Enrique Blasco y Armando Bernabéu.
Su misión no se limita a acompañar ceremonias castrenses: esta unidad rinde honores a SS. MM. los Reyes, jefes de Estado y altos dignatarios, y ofrece conciertos en actos solemnes del Estado. Además, ha desarrollado un repertorio versátil y de gran riqueza, actuando tanto en el Palacio Real como en auditorios de prestigio internacional: desde París hasta Moscú, pasando por Londres, Oslo o Nápoles.
Desde 2024, su director es el coronel Fernando Lizana Lozano, músico de sólida formación y director experimentado, con estudios superiores de clarinete, composición, dirección de orquesta y coros, además de máster en Educación Musical. Bajo su batuta, la unidad ha continuado elevando su nivel técnico y artístico, consolidando su prestigio dentro y fuera de nuestras fronteras.
La Unidad de Música de la Guardia Real, desplegó toda su excelencia artística en un repertorio cuidadosamente seleccionado para la ocasión. Más de medio centenar de músicos ofrecieron un espectáculo de precisión, sentimiento y belleza sonora.
Programa del concierto:
- Cristo de la Esperanza. Compuesta por el propio coronel Lizana, en honor al patrón de la localidad toledana de Pelahustán. Una obra que enaltece la devoción sencilla de un pueblo pequeño con una gran fe.
- Caridad del Guadalquivir. De Paco Lola, una marcha cargada de emotividad y con un ritmo cadencioso que se ha convertido en un himno no solo andaluz, sino nacional.
- Mi Amargura. Víctor Manuel Ferrer Castillo firma esta marcha considerada ya una obra de referencia, con un solo de saxofón que se eleva como lamento y esperanza a la vez.
- Música para un aniversario. Homenaje sonoro a los 75 años de la Cofradía de los Estudiantes de Málaga. Una pieza de conmemoración con guiños al Gaudeamus Igitur, himno estudiantil por excelencia.
- María Inmaculada, Reina de los Ángeles. Compuesta en el año 2024 para la Congregación, por Armando Bernabéu. Un viaje musical desde el dolor de la Virgen hasta la esperanza de la Resurrección. Una pieza que emociona por su fuerza dramática y su belleza sonora.
- El Cristo de los Alabarderos. La marcha que Francisco Grau dedicó en 2004 a la Congregación. Comienza con los tradicionales pífanos de la Guardia Real y evoluciona hasta un final brillante y majestuoso, como homenaje a la elegancia de esta histórica cofradía madrileña.
- La Madrugá. De Abel Moreno. No incluida en el programa oficial, pero siempre esperada. Un clásico andaluz que cerró con broche de oro la velada musical.
Clausura con honores y el Himno Nacional
Para finalizar tan brillante jornada, el Hermano Mayor entregó otro obsequio conmemorativo al Ilmo. Sr. D. Pablo Mateo y Álvarez de Toledo, coronel jefe de la Guardia Real, en agradecimiento por el continuo apoyo institucional y humano que su unidad brinda a la Real Congregación.
La ceremonia concluyó con la interpretación solemne del Himno Nacional, que puso a todos los presentes en pie como muestra de respeto y emoción compartida.
Una cita anual con el alma de Madrid
Un año más, el pregón y el concierto de marchas procesionales organizado por la Real Congregación del Santísimo Cristo de la Fe – Cristo de los Alabarderos – y de María Inmaculada Reina de los Ángeles se consolidan como un espacio donde la música, la fe y la tradición se dan la mano, elevando el espíritu de todos los presentes y preparando el corazón de la ciudad para vivir intensamente la Semana Santa.
En el incomparable marco de la Catedral de las Fuerzas Armadas, este acto se ha convertido ya en una de las citas más esperadas de la Cuaresma madrileña. A través del sonido solemne de las marchas procesionales, el recogimiento de la liturgia, y las palabras profundas del pregonero, se crea una atmósfera única de comunión entre historia, devoción y compromiso. Es una manifestación viva de la espiritualidad cofrade, que une generaciones en torno a los símbolos más profundos de nuestra identidad cristiana y española.
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© CEMAV Guardia Real / © Ignacio Viejo
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